Emma BoniNo Bildenberg preparati a morire

Emma BoniNo Bildenberg [] e dove è il problema? tu non mi hai voluto ascoltare!, ed invece, tu hai voluto credere, a Rothschild. ora? preparati a morire! [ ASIA. La economía mundial está en un punto de inflexión. Tal vez un colapso. La reducción de la ayuda de la Fed al mercado de EE.UU., ha permitido el rescate de los mercados financieros, pero está creando perturbaciones monetarias en Argentina, Turquía, Venezuela, Tailandia, Ucrania, Sudáfrica, Chile, Indonesia, India, Brasil, Taiwán, Malasia y muchos otros países. Es el fracaso del Estado como motor económico, es el fracaso de las distorsiones políticas de China y los EE.UU., pero no sólo esto. Milán (AsiaNews) - Estamos en vísperas de una nueva era. La flexibilización (estrechamiento) de la QE, la "flexibilización cuantitativa", es decir, el monto de la indemnización monetaria, que está poniendo en  marcha el ajuste de una serie de mecanismos que nos conducirán a un nuevo colapso más grave. The world's economy at a turning point, one of collapse perhaps. Cuts in the Fed's aid to the US economy have followed the rescue of financial markets, but in so doing they have generated monetary shockwaves that have hit countries like Argentina, Turkey, Venezuela, Thailand, Ukraine, South Africa, Chile, Indonesia, India, Brazil, Taiwan, Malaysia, and many more. This marks the failure of the state as an engine of the economy, as well as the failure of political distortions of the economy by China, the US, and others. Milan (AsiaNews) - The dawn of New Era might just be upon us but as Quantitative Easing (QE) tapers off, new mechanisms might be emerging that could lead to a new, even greater crisis.
The period 2007-2009, which began with the housing market crisis and continued with the financial collapse of non-primary mortgages and derivatives, forcing central banks to bail out the banks, reached its high point when Lehman Brothers went under in September 2008. ASIA. L'economia mondiale a una svolta. Forse a un crollo. Gli aiuti della Fed al mercato Usa hanno permesso il salvataggio dei mercati finanziari. La loro riduzione sta creando scossoni monetari in Argentina, Turchia, Venezuela, Thailandia, Ucraina, Sud Africa, Cile, Indonesia, India, Brasile, Taiwan, Malaysia e molti altri Paesi ancora. E' il fallimento dello Stato come motore dell'economia; è il fallimento delle distorsioni politiche di Cina e Usa, ma non solo.
Milano (AsiaNews) - Siamo alla vigilia di una nuova svolta. L'affievolimento (tapering) della QE, la "quantitative easing", vale a dire l'accomodamento quantitativo nell'emissione monetaria, sta infatti mettendo in moto una serie di meccanismi che ci porteranno ad un nuovo più grave collasso.
07/02/2014 16:44

ASIA
La economía mundial está en un punto de inflexión. Tal vez un colapso
de Maurizio d'Orlando
La reducción de la ayuda de la Fed al mercado de EE.UU., ha permitido el rescate de los mercados financieros, pero está creando perturbaciones monetarias en Argentina, Turquía, Venezuela, Tailandia, Ucrania, Sudáfrica, Chile, Indonesia, India, Brasil, Taiwán, Malasia y muchos otros países. Es el fracaso del Estado como motor económico, es el fracaso de las distorsiones políticas de China y los EE.UU., pero no sólo esto.

Milán (AsiaNews) - Estamos en vísperas de una nueva era. La flexibilización (estrechamiento) de la QE, la "flexibilización cuantitativa", es decir, el monto de la indemnización monetaria, que está poniendo en  marcha el ajuste de una serie de mecanismos que nos conducirán a un nuevo colapso más grave.

El período 2007 - 2009, que comenzó con la crisis en el mercado inmobiliario, continuó con el colapso financiero de las hipotecas no primarios y los contratos derivados, resultando finalmente en los rescates de los bancos a cargo de las finanzas del Estado a través de los bancos centrales, tuvo su momento fundamental con la quiebra de Lehman en septiembre de 2008.

Aunque los órganos comunicación institucional, la prensa y la televisión de uso generalizado, quieren convencer de lo contrario, de la crisis de ese trienio, el mundo realmente aún no ha salido. Por supuesto, la magia de la emisión monetaria por los bancos centrales de todo el mundo, sin duda tuvo un efecto: una milagrosa recuperación en los precios de los valores de la bolsa de valores financieros, acciones y bonos. Voces alternativas dicen que que se trata de una ilusión, más que un engaño y un fraude, como es evidente a partir de la manipulación de los tipos de interés del LIBOR y los precios del oro. Y, de hecho, no sólo es una ilusión, sino algo peor: un regalo envenenado, dulce en la superficie y en el fondo, mortal.

Emitir dinero para salvar a los mercados financieros

Las señales son evidentes en una serie de países emergentes: Argentina, Turquía, Venezuela, Tailandia, Ucrania, pero también en África del Sur, Chile, Indonesia, India, Brasil, Taiwán, Malasia y muchos más. La crisis es principalmente de divisas y toca incluso el peso mexicano, cuya economía hasta ahora ha sido considerado uno de los más fuertes entre los países emergentes. Y el dinero caliente que se mueve.

Pero antes de lanzarse a la letanía habitual contra la especulación y la avaricia rapaz de muchos financieros, incluso los pequeños, es mejor razonar para evitar un destino descaradamente malo, como sucede a menudo con los moralistas de la mendicidad. La especulación de hecho, no es siempre sólo el fraude y la maquinación. A menudo, en efecto, no es la reacción y reflexión, casi mecánicas, de problemas reales, que están en la raíz. Vamos, a continuación, a hacer un poco de claridad porque la caza de brujas enciende el odio, pero no sirve a nadie, de hecho ciego y hace que todo sea más difícil.

El banco central de EE.UU. - un absurdo constitucional, ya que la Constitución de EE.UU. lo prohíbe expresamente - ha reducido un poco la entrada de nueva moneda, la reducción de la compra de bonos del Tesoro de EE.UU., y de inmediato mostró los primeros síntomas de "debilidad "en los países emergentes. La enorme liquidez financiera frente a la nula emisión en los últimos años del banco central ha aumentado la técnica de los mercados financieros, llevando la cotización  a los niveles anteriores al momento "Lehman". Este era el objetivo real de la QE de Bernanke, el mandato que le había encomendado a sus miembros, los grandes bancos y corporaciones financieras que se coloca en el más alto tribunal de la FED. Después de montar el gran burbuja de Alan Greenspan, el predecesor de Bernanke, las hipotecas concedidas, incluso a aquellos que nunca podría pagarles, la fraternidad bancaria ha exigido y obtenido salvamentos, por supuesto, a expensas de los presupuestos del Estado, cuyo déficit se ha disparado y el costo de la inflación de activos, por decir lo menos, dudando de emitir la moneda los bancos centrales. En la práctica, el resultado social es que el gobierno de Obama, ideológicamente a la izquierda, con sus políticas de estímulo del gasto público ha producido un fuerte aumento de la desigualdad económica. Parece una paradoja, pero no es debido a que sólo un pequeño porcentaje de la población mantiene sus activos en valores que cotizan en los mercados financieros.

Fuera del sector financiero, sin embargo, es otra la historia. En más de cinco años desde el "Lehman" la economía real todavía está jadeando, de hecho, no sólo en Europa sino también en América, donde recuperación de hecho no hay, o como mucho es infinitesimal. Lo mismo es cierto para Japón, donde también fue tentado por Abe el experimento de terapia " nuclear" realizado para el gasto público y el déficit hasta el final a casi el 12 % del PIB, aún cuando la deuda nacional ha alcanzado el nivel estelar  de 240 % del PIB. También es cierto que China, junto con los EE.UU., y desde 2009, también ha llevado a cabo su gran paquete de estímulo de gasto del gobierno keynesiano. Obviamente, el caso de China es diferente porque el país sigue beneficiándose de una "ayuda" de más de veinte años, la fuerza impulsora de las exportaciones que son necesarios en el mundo gracias a una moneda tercamente mantenida en una pérdida de 45 % en comparación con la paridad de poder adquisitivo. Tiembla la tierra, pero también en China. Con la bomba de la "sombra del sistema financiero", con el peso abrumador del exceso de capacidad de producción no utilizada y con la burbuja inmobiliaria formada por ciudades fantasmas, abandonadas porque fueron construidos en el desierto - a menudo no sólo metafórica - y demasiado caro para acoger las familias comunes, el momento "Lehman" se está acercando incluso a la China.

El fin del sueño neo - keynesiano

A la vista de los pobres resultados de la economía real, probablemente tenga que intervenir con más "coraje" - léase: imprudencia criminal - con la palanca keynesiana del estímulo fiscal y el gasto público? Inicialmente, dos intrépidos keynesianos, premios Nobel, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, seráficamente lo han dicho. Sin embargo, los recursos financieros establecidos en estos cinco años han sido enormes y, literalmente, sin precedentes. Excepto quizás para alguien que ni siquiera sabe lo que dice, que lanza anatemas contra la austeridad no hay nadie, ni siquiera los intrépidos ultra- keynesianos. Fuera de lo mejor de Irlanda, es difícil decir dónde esta misteriosa austeridad que se implantó realmente en los últimos años. A lo más hemos visto sólo unos pocos granos de sentido común en la revisión del gasto público. Cosa diferente es el rigor financiero que debería haberse implementado hace décadas, sin hacer creer a las personas que las monedas de oro crecen por sí mismas en los árboles, al igual que en el país de los Juguetes de Pinocho.

La "apretada" política monetaria de la FED que ha comenzado a ponerse en práctica, es sólo una pausa en la carrera hasta el momento sin frenos de la emisión monetaria. Sin embargo, también es una admisión indirecta: conseguido el objetivo de restaurar precios de las acciones y en general de los mercados financieros occidentales, la Fed en este momento realmente no sabe qué hacer para poner en marcha la economía real en serio. De esto ha pasado cinco años por lo menos para aprender una lección: si usted comienza con altos niveles de gasto público y la formación previa de endeudamiento, las maniobras de estímulo keynesiano, incluso con dosis de caballo resultan ser ineficaces. Pocos se han dado cuenta y aún menos han debatido, pero es una derrota considerable ideológica: el fracaso de la solución hace un aumento espectacular en el gasto público; es el hundimiento de la receta keynesiana, de "izquierda", la izquierda moderna ya no es marxista, pero sigue siendo una forma radical de estatismo intervencionista.

En 1991, con el colapso de la URSS, ha fallado el modelo económico del comunismo. En 2008, con el momento " Lehman ", ha fallado no el liberalismo (como dijeron algunos tardo comunista erróneamente), pero el "marcatismo", la ideología de la Escuela de Chicago y de la "Quantitative Economics"  (política económica cuantitativa), la idolatría que son las expectativas racionales, la exaltación del mercado hiper- racionalista, en particular en los sectores financiero y regulados, entendida como una expresión de la síntesis suprema y perfecta de la conducta humana considera posible de ser descrito por una serie de complicados algoritmos mecanicistas.

2013 marca en lugar del fracaso del socialismo financiero neo- keynesiano. Hoy, con el inicio de "estrechamiento " (es decir, la reducción gradual ) que tenemos, por último, el reconocimiento por parte de la FED el fracaso de la ideología deutero- keynesiano en todas sus variantes existentes: el Obama- Krugman pensado, la " Abenomica " del Sol Naciente, el " Sozialmarktwirtschaft " renano -Alemán ( tan caro a Mario Monti, Mario Draghi, y toda la eurocracia) y, finalmente, el capital - comunismo chino en salsa confuciana. Por ello, la Fed ha decidido un descanso "gradual " porque Bernanke y todos los miembros están postrados, pero no seamos estúpidos. Ellos saben que si se siguen haciendo funcionar las prensas de la emisión monetaria, la hiperinflación de Weimar está a la vuelta de la esquina.

Países consumidores y países productores

Esta pausa para la reflexión (por falta de ideas) decidido por la Fed termina pero para sacar a la luz los problemas inherentes a los países emergentes de que se ha hablado al inicio. Hasta ahora, de alguna manera, estos países habían obtenido beneficios reales de la globalización desequilibrada de los últimos 20 años. En su mayor parte este maná vino de la fuerza impulsora de las exportaciones de minerales y productos agrícolas, en algunos casos de la de piezas industriales de bienes de consumo. El mecanismo a grosso modo era de la siguiente manera: los países "desarrollados", es decir, los antiguos industrializados, fueron  des- industrialización con la consiguiente deslocalización y la pérdida de puestos de trabajo, especialmente para los trabajadores de "cuello azul". Por ejemplo, hoy el sector manufacturero industrial de EE.UU. constituye sólo el 12% del PIB. A modo de comparación, en los años 50 todavía estaba todo un poco menos del 30%. Aunque muchos de ellos trabajan en no sólo en los servicios profesionales, sino principalmente en los relacionados con el sector manufacturero, han llegado a transmigrar en algunos países emergentes.

Han llegado a la deslocalización , de hecho, también todos aquellos servicios que pueden entrar fácilmente en el intercambio en el extranjero: la tecnología de software, la tecnología informática (TI ), pero también la investigación y el desarrollo y el diseño industrial, terminando con los servicios de PBX. Han permanecido en los países "desarrollados" sólo aquellos servicios estrechamente vinculados a la tierra, como la hostelería, los servicios personales y en general todos los servicios más estrechamente relacionados con el consumo. Esto ha producido una situación inconsistente e insostenible en el largo plazo. Por un lado hay una zona de consumo, con déficit estructural crónico en el intercambio de bienes y por el otro un grupo de países en los que se concentra la producción. En los EE.UU., aproximadamente el 70 % del PIB está dado por el consumo. En China se concentra en muchos sectores industriales relevantes en la mitad - y a veces más - de la producción mundial. Pero lo importante a destacar es que esta situación no se ha producido por un diferencial de eficiencia relativa, sino por dos poderosos factores de distorsión. Por un lado hay un monopolio de la emisión de instrumentos de pago, el dólar, como moneda soberana estadounidense, pero también como una herramienta valuadora  prevalente en el intercambio de bienes en todo el mundo. Por otra parte, como ya hemos dicho, el tipo de cambio de China se mantuvo subvalorado. Las consecuencias de este equilibrio artificial, que en realidad es un desequilibrio, están en que en primer lugar el actual estado de cosas no se basa en una fuerza intrínseca, sino que se mantiene, siempre y cuando exista un acuerdo político en apoyo de esta estructura de intercambio.

Eficiencia política y tecnológica

Un segundo efecto del contexto de esta distorsión es que la actividad productiva y, obviamente, el crecimiento económico se determinan por factores políticos y no por los parámetros de la mayor o menor eficiencia en el uso de los recursos tecnológicos, como las materias primas o mano de obra. Por lo tanto, el hecho de que una empresa des-localizada logré mayores ganancias es significativo sólo para sus accionistas, pero no es sinónimo de una mayor eficiencia. La eficiencia de una línea de producción es, de hecho, un parámetro técnico y un tipo de labor no es sólo más eficiente, porque esté des-localizado - De hecho, a nivel de los agregados macroeconómicos se observa lo contrario. En cuanto a China, por ejemplo, el incremento de un punto porcentual del PIB conduce a un aumento en el consumo de energía aproximadamente igual a tres / cuatro puntos porcentuales. Mientras China, uno de los dos principales factores distorsionantes, ha podido y puede recurrir a los recursos internos - en el caso de la mano de obra y una materia prima, el carbón - la expansión económica china, gracias a la concentración de la producción mundial en el país, ha producido una fuerte contaminación pero no ha habido y no hay efectos significativos en los mercados internacionales. Muy diferente es el caso de los recursos y, en particular, las materias primas extranjeras.

En este sector, la caída de la demanda de las industrias manufactureras de los países desarrollados ha sido más que compensada por el aumento de la demanda de materias primas de los países recientemente industrializados y en particular China. Esto explica tanto la avanzada y ahora determinante presencia china, especialmente en África, Australia y otros países exportadores de materias primas mientras el crecimiento de los países emergentes, en contraste, se mantuvo igual a de esos días en que se observaban las diferentes situaciones de crisis. La razón es que la inundación de liquidez de la FED se puso en marcha inmediatamente después del momento Lehman, y que es desde el 1 º trimestre de 2009 hasta hoy, después de que se vertiera en las bolsas de valores y los mercados financieros y haya llevado los precios a los niveles anteriores a la crisis, y de hecho a nuevos máximos, con una carrera que superó la revalorización del 60%, que tuvo y tiene que lidiar con la falta de recuperación real de las economías occidentales. Una vez, de hecho, alcanzado un cierto nivel de precios de las acciones, el grado de riesgo de un nuevo colapso se ha vuelto muy alto, dada la reciente lección de 2008. Teniendo en cuenta asimismo los bajos retornos financieros en función de los tipos de interés bajos, el dinero caliente se coloca por tanto en los valores de los países emergentes, con destino a la exportación de materias primas, fingiendo ignorar los riesgos institucionales y estructurales en estos países.

La maniobra de "estrechamiento" de la Fed significa que los tipos de interés de los valores primarios, los "sin riesgo", están obligados a subir. La consecuencia es que se ha hecho y no se hace más conveniente para mantener el capital especulativo en los mercados de valores de alto riesgo, lo que explica la caída de las monedas de los países emergentes, exportadores de materias primas. Este principio del otoño de 2014, en primer lugar, indica un nuevo fracaso ideológico, el de " keynesianismo involuntario". Se trata de la dispendiosa política programática del gasto público en déficit constante, implementados bajo diferentes etiquetas. Este es social/indigenismo de Chávez / Maduro en Venezuela, el social- peronismo en la Argentina de Kirchener / Fernández, de la Contribución del Poder Económico a los Negros (BEE, Black Economic Empowerment) de Nelson Mandela de Sudáfrica y así sucesivamente en los diferentes países. En estos casos, la distorsión de la pregunta es, digamos, involuntaria, porque el propósito no es la economía dirigida per se, sino que se puso en marcha para apuntar a una alta redistribución socio-política de ingresos de los sectores nacionales - económicamente eficientes en el intercambio a nivel internacional - a sectores protegidos. Todos estos objetivos políticos altos luego terminan yendo a beneficiar a un grupo de facción o interés político particular, y convirtiéndose en el parasitismo económico simple de facto. El "estrechamiento" actualmente implementada por la Reserva Federal no es, por lo tanto, la causa de la crisis monetaria y el colapso de los mercados debido a que estos tienen motivos y orígenes internos a los propios países.

El punto es, sin embargo, que estas crisis en los países emergentes pueden desencadenar una reacción en cadena, porque ya en más de medio siglo, desde la presidencia de Kennedy a principios de los años 60, el mundo juega con la ilusión keynesiana, que el gasto público puede producir un crecimiento económico real, que los Estados pueden hacer algo diferente de lo que se aconseja a las familias y las empresas: no vivir más allá de sus medios y no asumir una deuda que nunca podrán pagar. De hecho, 1959 fue el último año en que el gobierno estadounidense implementó una política programática real de un presupuesto equilibrado y poco a poco el resto del mundo se adecuó.

Desde entonces, el progreso ha sido más y más rápido, en las últimas dos décadas, y todavía aún más en los últimos cinco años, la emisión de moneda para cubrir los déficits de presupuesto ha aumentado en forma parabólica. Nos acercamos a la crisis, estamos en 1914, en la víspera del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo. En este punto, sin embargo, es difícil decir si la chispa saldrá de la caída de la moneda de los países emergentes, la consiguiente dificultad de los grandes bancos estadounidenses y europeos, o si se trata de Japón como podría parecer en los últimos días, o incluso si es la implosión del sistema financiero y bancario de China, o incluso el colapso del euro o el colapso de Wall Street.
ASIA
The world's economy at a turning point, one of collapse perhaps
by Maurizio d'Orlando
Cuts in the Fed's aid to the US economy have followed the rescue of financial markets, but in so doing they have generated monetary shockwaves that have hit countries like Argentina, Turkey, Venezuela, Thailand, Ukraine, South Africa, Chile, Indonesia, India, Brazil, Taiwan, Malaysia, and many more. This marks the failure of the state as an engine of the economy, as well as the failure of political distortions of the economy by China, the US, and others.


Milan (AsiaNews) - The dawn of New Era might just be upon us but as Quantitative Easing (QE) tapers off, new mechanisms might be emerging that could lead to a new, even greater crisis.
The period 2007-2009, which began with the housing market crisis and continued with the financial collapse of non-primary mortgages and derivatives, forcing central banks to bail out the banks, reached its high point when Lehman Brothers went under in September 2008.
Although mass media, especially mainstream press and television, have tried to show that the world has turned the corner, the opposite is true. We are still in a crisis. Of course, the magic touch of world's central banks providing unlimited monetary supplies has certainly had its effect. Shares, bonds and securities have miraculously rebounded. Still, for others, all this is more of an illusion, if not an outright form of deception and fraud, as evinced by the manipulation of gold prices and the Libor interest-rate market. Indeed, this is worse than an illusion; it is a poisoned chalice, all shiny on the outside but, oh so deadly on the inside.
Printing money to save financial markets
Things are changing everywhere as can be seen by what is happening to the currencies of many emerging nations: Argentina, Turkey, Venezuela, Thailand, Ukraine, but also South Africa, Chile, Indonesia, India, Brazil, Taiwan, Malaysia and others. Even Mexico, whose economy has so far been one of the strongest among emerging nations, has seen its peso come under pressure. It appears that hot money is moving, fast.
Before going into the a litany of complaints about speculation and the rapacious greed of many financiers, smaller ones included, it is better to think this through to avoid blaming the wrong culprit, as low-brow moralists are wont to do. Speculation in fact does not always involve fraud or plots. Often enough, it is almost an automatic reaction and reflection of real underlying problems. Let us then, separate the wheat from the chaff. Witch-hunts so often lead to hate rather than solutions, and cast a shadow that makes things that more difficult to understand.
When the US central bank - a constitutional absurdity if there ever was one since the US Constitution formally bans such an institution - gradually began reducing money supply, buying fewer US Treasury securities, the first symptoms of "weakness" appeared immediately in emerging countries. Although based on nothing, the enormous financial liquidity released by central banks in the past few years did boost financial markets, bringing them to pre-Lehman levels. This is what Bernanke had in mind when he launched his QE. This is the mandate his associates, the big banks and financial groups who put him at the helm of the Fed, had in mind as well.
After riding the wave created by Alan Greenspan, Bernanke's predecessor, which included loans to those who could not pay them back, the banking fraternity successfully sought its own rescue at taxpayers' expense, and in so doing pushed up national debts and the dubious value of assets generated by money-printing central banks. Yet, despite ideological claims by the Obama administration that it was left leaning, ballooning public spending has led to a sharp increase in economic inequality. This is less of a paradox if we consider that only a small percentage of the population holds assets in securities listed on financial markets.
Outside of the financial sector, things are different. Five years after the Lehman debacle, the real economy is still sputtering, not only in Europe but in the United States as well, where economic recovery has been slow or stalled.
The same goes for Japan, where Prime Minister Abe has tried to jolt the economy through massive government spending and large deficits of almost 12 per cent of GDP, this in a country whose national debt has already reached the stratospheric level of 240 per cent of GDP.
And China is not too far behind. Like the US, Beijing in 2009 implemented its own huge Keynesian stimulus package through increased government spending. Obviously, China is different case because it continues to benefit from the same "help" it has enjoyed for more than two decades, namely record exports generated by a favourable exchange rate based on a currency artificially undervalued by 45 per cent in terms of purchasing power parity. Yet, in China, things appear shaky too. Its "shadow financial system" is a time bomb that is ticking away. Its economy is burdened by excess production capacity and a real estate bubble of overpriced ghost towns literally and figuratively built in the desert, all of which might foreshadow China's own "Lehman moment".
The end of the neo-Keynesian dream
Given the poor performance of the real economy, would it not have been more "courageous" (or more recklessly criminal) to have used more Keynesian fiscal stimulus and government spending? This is exactly what the two fearless, albeit blissful Keynesian Nobel laureates Paul Krugman and Joseph Stiglitz had initially proposed. Still, unprecedented financial resources have already been poured into the economy over the previous five years. Someone, it seems, is out of touch with reality. No one, not even valiant diehard Keynesians is hurling anathemas against austerity. Except perhaps for Ireland, it is hard to see where anyone actually implemented this mysterious austerity in recent years. At most, some common sense has been applied in public spending reviews. This is different from the kind of financial rigour that could have been implemented decades ago rather than make ordinary people believe that money grows on trees like in Pinocchio's Land of Toys.
The "tight" monetary policy the Fed just begun is just a break in an otherwise unstoppable race to print money. It is also an indirect admission that once it has achieved the goal of restoring share prices and, more generally, Western financial markets, it did not really know now what to do to jump-start the real economy. One lesson can be drawn from the past five years. However massive, Keynesian stimuli are ineffective if they are applied when levels of public expenditure and indebtedness are already high. Few have realised this and even fewer have publicly talked about it. This is a major ideological fiasco for it represents the utter failure of solutions based on high public spending. Leftist, albeit modern non-Marxist Keynesian economics, a radical form of state interventionism by any definition, has thus suffered a humiliating defeat.
In 1991, when the Soviet Union went under, so did Communism as an economic model. In 2008, the "Lehman moment" did not bring about the failure of liberalism (as some Communist troglodyte suggested), but that of "marketism," the ideology of the Chicago School, and "Quantitative Economics," the idolatry of rational expectations, the exaltation of the hyper-rationalist market, especially in financial and regulated markets, understood as the expression of a supreme and perfect synthesis of human behaviour as described by complicated mechanistic algorithms.
The year 2013 marked instead the failure of neo-Keynesian financial socialism. Today, as money supplies start to taper off, the Fed realises the failure of Keynesian economics in all its existing variations: the Obama-Krugman model, Japan's Abenomics, Germany's Soziale Marktwirtschaft (liked by Mario Monti, Mario Draghi and the Eurocrats) and last but not least China's own capitalist-style Communism. Given the situation, the Fed has decided to put a "gradual" break on money supply because Bernanke and his associates are anything but stupid. They know that if the presses continue churning out money, Weimar-style hyperinflation is just around the corner.
Countries that consume vs countries that produce
As we initially said, the Fed's pause for reflection (and lack of ideas) has brought to the fore problems inherent in emerging countries. So far, somehow, these countries benefitted from the unbalanced globalisation of the past 20 years. For the most part, the exports of minerals and farm products, and in some cases, consumer goods, were their driving force. The mechanism was roughly as follows: "Developed Nations", i.e. the older industrialised countries underwent de-industrialisation via so-called de-localisation, resulting in employment losses, especially among blue-collar workers. Case in point: manufacturing in the US fell to 12 per cent of GDP compared to just under 30 per cent in the 1950s. Many white-collar jobs, and not only those in the manufacturing sector, also left for emerging nations. Services that could be easily de-localised - software design, information technology (IT), as well as research and development, industrial design, and hosted PBX services - followed suit. Only locally based services, such as food services, personal services and more broadly services closely linked to consumers stayed in "Developed Nations".
This led to an incongruous situation that cannot be sustained in the long term. Indeed, one region of the world has built up structural trade deficits by consuming more than it produces, whilst output is concentrated in another part of the world. For example, in the United States about 70 per cent of GDP goes to consumption. By contrast, half if not more of world production in many key industrial sectors is concentrated in China.
The important thing to remember is that this situation is not the result of a gap in relative efficiency, but is rather the by-product of two powerful factors of distortion. On the one hand, there is a monopoly on the issuing of payment instruments, the US dollar, which is the sovereign US currency but also as the main currency for world trade. On the other hand, as we have said, the existing exchange rate undervalues China's currency. Hence, an artificial balance, which is actually an imbalance, defines the current state of affairs, one that is not based on its own intrinsic strength, but rather on political agreements in support of the current system of exchange.
Political and technological efficiencies
A second effect of this distortion is that production and economic growth are determined by political factors, not by greater efficiency in technology and allocation of resources like raw materials and labour.
For some, de-localisation has led to higher profits and greater profits for shareholders but not necessarily to greater efficiency. Whilst production efficiency is a technical benchmark, output is no more efficient just because it has been de-localised. Indeed, at a macro level the opposite is true. China is a case in point. A 1 per cent growth in GDP translates into a 3 or 4 per cent rise in energy consumption. As long as China - one of the two major distorting factors - relied on its own resources like labour and coal, the economic expansion that turned it into the world's factory could be pursued without concern not only for the environment but also for its repercussions on world markets. The same is not the case if resources, especially raw materials, come from abroad.
The decline in manufacturing in Developed Nations has been more than compensated by higher demand in newly industrialised nations, especially China. Indeed, China has become a major if not the major player in Africa, Australia and other resource-rich exporting nations. Likewise, the emerging nations currently in crisis are still growing despite prevailing trends.
Yet, despite the Fed flooding the markets with liquidity after the Lehman debacle, i.e. between the 1st quarter of 2009 and now, Western economies have never recovered even though financial markets bounced back, gaining 60 per cent more than they were before the crisis. However, after hitting new heights, the risks associated with shares also got very high, especially in view of the lessons of 2008.
With yields low because of low interests, hot money set its sights on securities issued by emerging nations, with investors choosing not to see the political and structural risks with economies heavily reliant on natural resources.
As Fed tapering gets underway, interest rates for primary securities, those "without risks", are bound to rise. Thus, it is no longer convenient for hot money to buy high-risk securities. The net result is a run on the currencies of emerging nations whose economies are based on the export of natural resources.
The first crisis of 2014 is thus primarily another ideological failure, that of "involuntary Keynesianism". Known under various labels, the former is embodied by expensive public spending policies that generate debt: Venezuela's social-indigenismo under Chavez/Maduro, Argentina's social-Peronism under Kirchener/Fernandez, South Africa's Black Economic Empowerment (BEE) under Nelson Mandela and so on. In these countries, demand is distorted involuntarily, as in a command economy, but by high-minded redistributive domestic policies that favour protected domestic sectors at the expense of those that are internationally competitive. Certain political factions or interest groups benefit from these politically driven policies, creating a de facto parasitical relationship with the economy. Hence, today's currency and market crises are not due to Fed tapering but are rooted instead in domestic factors.
A crisis in emerging economies could however trigger a chain reaction because for the past 50 years, i.e. since the Kennedy administration in the early 1960s, the world has lived according to the Keynesian illusion, believing that government spending can produce real economic growth, convinced that states can do what families and businesses cannot do, namely live above their means and take on debt that they can never repay. Since the last time a US administration had a balanced budget in 1959, the rest of the world has done the same.
Since then, things have accelerated. In the past two decades, especially the last five years, printing money to cover budget shortfalls has increased exponentially. We are now approaching a crash point, like in 1914 on the eve of the attempt on Archduke Franz Ferdinand's life in Sarajevo. However, it is hard to know where the firing shot will come from, whether it will be the collapse of the currencies of emerging countries, the subsequent difficulty of large US and European banks, the latest crisis in Japan, the implosion of China's banks and financial system, the meltdown of the euro or the of fall of Wall Street.


07/02/2014 09:46
ASIA
L'economia mondiale a una svolta. Forse a un crollo
di Maurizio d'Orlando
Gli aiuti della Fed al mercato Usa hanno permesso il salvataggio dei mercati finanziari. La loro riduzione sta creando scossoni monetari in Argentina, Turchia, Venezuela, Thailandia, Ucraina, Sud Africa, Cile, Indonesia, India, Brasile, Taiwan, Malaysia e molti altri Paesi ancora. E' il fallimento dello Stato come motore dell'economia; è il fallimento delle distorsioni politiche di Cina e Usa, ma non solo.


Milano (AsiaNews) - Siamo alla vigilia di una nuova svolta. L'affievolimento (tapering) della QE, la "quantitative easing", vale a dire l'accomodamento quantitativo nell'emissione monetaria, sta infatti mettendo in moto una serie di meccanismi che ci porteranno ad un nuovo più grave collasso.
Il triennio 2007 - 2009, iniziato con la crisi del mercato immobiliare, proseguito con il collasso finanziario dei mutui non primari e dei contratti derivati, sfociato infine nei salvataggi bancari a carico delle finanze statali per il tramite delle banche centrali, ha avuto il suo momento cruciale con il fallimento della Lehman, nel settembre 2008.
Sebbene gli organi di comunicazione istituzionali, la stampa e la televisione a grande diffusione, vogliano convincere del contrario, dalla crisi di quel triennio il mondo in realtà non ne è ancora uscito. Certo, le magie dell'emissione monetaria senza limiti da parte delle banche centrali di tutto il mondo di sicuro hanno prodotto un effetto: un prodigioso recupero delle quotazioni dei valori dei titoli finanziari di borsa, azioni ed obbligazioni. Le voci un po' alternative dicono che si tratta di un'illusione, anzi di un inganno e di una frode, come è evidente dalle manipolazioni dei tassi d'interesse sul LIBOR e delle quotazioni dell'oro. E in effetti, non è solo un'illusione, ma qualcosa di peggio: un regalo avvelenato, dolce in superficie e mortale nel profondo.
Emettere moneta per salvare i mercati finanziari
I segnali della svolta vengono da un certo numero di Paesi emergenti: Argentina, Turchia, Venezuela, Thailandia, Ucraina, ma anche Sud Africa, Cile, Indonesia, India, Brasile, Taiwan, Malaysia e molti altri ancora. La crisi è in primo luogo valutaria e tocca perfino il peso messicano, la cui economia è stata finora considerata una delle più solide tra i Paesi emergenti. E' il denaro caldo che si sposta.
Ma prima di lanciarsi nelle solite litanie contro la speculazione e l'avidità rapace di tanti finanzieri, anche piccoli, è meglio ragionare per evitare di sbagliare clamorosamente il bersaglio, come accade spesso ai moralisti d'accatto. La speculazione infatti non è sempre e solo frode e macchinazione. Spesso, anzi, non è che la reazione ed il riflesso, quasi meccanico, di problematiche reali che stanno a monte. Cerchiamo, dunque, di fare un po' di chiarezza perché la caccia alle streghe accende l'odio, ma non serve a niente, anzi acceca e rende tutto più difficile. 
La banca centrale americana - un assurdo costituzionale, dato che la Costituzione Usa espressamente la vieta - ha ridotto appena un po' l'immissione di nuova moneta, riducendo l'acquisto di buoni del Tesoro americano, e subito sono emersi i primi sintomi di "debolezza" nei Paesi emergenti. L'enorme liquidità finanziaria a fronte del nulla emessa in questi anni dalle banche centrali ha rigonfiato ad arte i mercati finanziari, riportando le quotazioni ai livelli precedenti il momento "Lehman". Questo era il vero obbiettivo della QE di Bernanke, il mandato affidatogli dai suoi soci, le grandi corporazioni bancarie e finanziarie che l'avevano posto sullo scranno più alto della Fed. Dopo aver cavalcato alla grande la bolla montata da Alan Greenspan, il predecessore di Bernanke, dei mutui concessi anche a chi non avrebbe mai potuto ripagarli, la confraternita bancaria ha preteso ed ottenuto di essere salvata, ovviamente a spese dei bilanci statali il cui deficit è esploso ed al costo di gonfiare di cespiti patrimoniali a dir poco dubbi le banche centrali che emettono moneta. In pratica il risultato sociale è che il governo Obama, ideologicamente di sinistra accesa, con le sue politiche di stimolo della spesa pubblica ha prodotto un forte aumento delle diseguaglianze economiche. Sembra un paradosso, ma è non lo è perché solo una piccola percentuale della popolazione detiene il proprio patrimonio in titoli quotati sui mercati finanziari.
Al di fuori del settore finanziario è però tutta un'altra storia. A più di cinque anni dal momento "Lehman" l'economia reale è infatti ancora boccheggiante non solo in Europa ma anche in America, dove la ripresa di fatto non c'è o al massimo è infinitesimale. Lo stesso vale per il Giappone, dove pure è stato tentato da Abe l'esperimento della terapia "nucleare" fatta da spesa pubblica ad oltranza e di deficit a quasi il 12 % del Pil, anche quando il debito pubblico ha raggiunto lo stellare livello del 240 % del Pil. E vale anche per la Cina che, in concomitanza con gli USA e a partire dal 2009, ha anch'essa attuato il suo cospicuo pacchetto di stimolo keynesiano alla spesa pubblica. Ovviamente il caso cinese è differente perché il Paese continua a beneficiare di un "aiutino" ormai ventennale, il traino delle esportazioni che si impongono nel mondo grazie ad una valuta caparbiamente mantenuta sottocosto del 45 % rispetto alla parità del potere di acquisto. La terra trema però anche in Cina. Con la bomba della "finanza ombra", con l'opprimente peso della sovraccapacità produttiva inutilizzata e con la bolla immobiliare costituita da intere città fantasma, disabitate perché costruite nel deserto - spesso non solo metaforico - e troppo care per ospitare delle comuni famiglie, il momento "Lehman" si sta avvicinando anche per la Cina.
La fine del sogno neo-keynesiano
A fronte degli scarsi risultati per l'economia reale si sarebbe forse dovuto intervenire con maggior "coraggio" - leggi: criminale incoscienza - con la leva keynesiana dello stimolo fiscale e della spesa pubblica ? Inizialmente due intemerati keynesiani, i premi Nobel Paul Krugman e Joseph Stiglitz, proprio questo hanno seraficamente affermato. Tuttavia i mezzi finanziari messi in campo in questo quinquennio sono stati enormi e letteralmente senza precedenti. Tranne forse per qualcuno che non sa nemmeno quel che dice, a scagliare anatemi contro l'austerità non c'è più nessuno, nemmeno gli intrepidi ultra-keynesiani. Al di fuori forse dell'Irlanda, è infatti difficile dire dove questa fantomatica austerità sia stata davvero attuata in questi anni.  Al più si è visto solo qualche granello di semplice buon senso nella revisione della spesa pubblica. Diversa cosa è il rigore finanziario che avrebbe dovuto essere attuato decenni fa, senza far credere alla gente che le monete d'oro crescano da sole sugli alberi, come nel paese dei Balocchi di Pinocchio.
La "stretta" monetaria che la Fed ha appena iniziato ad attuare, è solo una pausa nella corsa finora senza freni dell'emissione monetaria. È però anche un'indiretta ammissione: raggiunto l'obbiettivo di ristabilire le quotazioni di borsa ed in generale dei mercati finanziari occidentali, la Fed a questo punto non sa in realtà che pesci pigliare per far ripartire sul serio l'economia reale. Da questo quinquennio si è potuto almeno trarre un insegnamento: se si parte da elevati livelli di spesa pubblica e di indebitamento pregresso, le manovre di stimolo keynesiano, anche quando se ne somministrino dosi da cavallo, risultano inefficaci. Pochi se ne sono accorti ed ancora meno ne hanno dibattuto, ma è una disfatta ideologica di notevole grandezza: è il fallimento della soluzione fatta di aumento a dismisura della spesa pubblica; è il naufragio della ricetta keynesiana, di "sinistra", la sinistra moderna non più marxista, ma pur sempre una forma radicale di statalismo dirigista.
Nel 1991, con il crollo dell'URSS, è fallito il modello economico del comunismo. Nel 2008, con il momento "Lehman", è fallito non il liberismo (come qualche tardo comunista ha erroneamente detto) ma il "mercatismo" , l'ideologia della scuola di Chicago e della "Quantitative Economics" (economia politica quantitativa), l'idolatria cioè delle aspettative razionali,  l'esaltazione iper-razionalista del mercato, in particolare quello finanziario e regolamentato, inteso come espressione suprema e perfetta, sintesi dei comportamenti umani ritenuti possibili da descrivere mediante una serie di complicati algoritmi meccanicistici.
Il 2013 marca invece il fallimento del socialismo finanziario neo-keynesiano. Oggi, con l'inizio del "tapering" (affievolimento, cioè graduale riduzione) abbiamo, finalmente, la presa d'atto da parte della Fed del fallimento dell'ideologia deutero-keynesiana in tutte le sue attuali varianti: l'Obama-Krugman pensiero, la "Abenomica" del Sol Levante, la "Sozialmarktwirtschaft" renano-germanica (tanto cara a Mario Monti, a Mario Draghi ed a tutta l'eurocrazia) ed infine il capital-comunismo cinese in salsa confuciana. La Fed ha dunque deciso una pausa "graduale", anche perché Bernanke e soci tutto potranno essere, ma non sono scemi. Sanno bene che, se continuano a far girare le rotative dell'emissione monetaria, l'iperinflazione di Weimar è appena dietro l'angolo.
Paesi che consumano e Paesi che producono
Questa pausa di riflessione (per mancanza di idee) decisa dalla Fed finisce però per portare a galla i problemi intrinsechi dei Paesi emergenti di cui si è detto all'inizio. Finora, in qualche modo, questi Paesi avevano tratto un beneficio reale dalla squilibrata globalizzazione degli ultimi 20 anni. Per lo più tale manna proveniva dal traino delle esportazioni di minerali e derrate agricole, in certi casi da quella di manufatti industriali di largo consumo. Il meccanismo è stato grosso modo il seguente: i Paesi "sviluppati", cioè di antica industrializzazione, sono andati de-industrializzandosi con la cosiddetta de-localizzazione e la perdita di posti di lavoro soprattutto per le "tute blu", il lavoro operaio. Ad esempio, oggi negli Usa il settore manifatturiero industriale costituisce appena il 12% del Pil. A titolo di paragone, negli anni '50 era ancora attorno a un po' meno del 30 %. Anche molti lavori nei servizi professionali, non solo ma principalmente legati al manifatturiero, hanno finito per trasmigrare in alcuni Paesi emergenti.
A venire de-localizzati sono stati infatti anche tutti quei servizi che possono facilmente rientrare nell'interscambio estero: il software, le tecnologie informatiche (IT), ma anche la ricerca e sviluppo ed il disegno industriale, per finire con i servizi di centralino. A rimanere nei Paesi "sviluppati" sono stati solo quei servizi strettamente legati al territorio, come la ristorazione, i servizi alla persona ed in generale tutti i servizi maggiormente legati ai consumi. Si è così prodotta una situazione incongruente ed insostenibile nel lungo termine. Da una parte c'è un'area di consumo, con deficit strutturali e cronici nell'interscambio delle merci;  dall'altra un nucleo di Paesi in cui si concentra la produzione. Negli Usa circa il 70 % del Pil è dato dai consumi. In Cina si concentra in molti settori industriali rilevanti la metà - e a volte anche di più - della produzione mondiale. L'importante però è sottolineare che questa situazione non si è prodotta per un differenziale di efficienza relativa, ma per due potentissimi fattori di distorsione. Da un lato vi è un monopolio dell'emissione di strumenti di pagamento, il dollaro, come moneta sovrana americana, ma anche come strumento valutario di gran lunga prevalente nell'interscambio mondiale delle merci. Dall'altro lato, come si è detto, vi è il tasso di cambio cinese mantenuto sottovalutato. Le conseguenze di questo equilibrio artificiale, che in realtà è uno squilibrio, sono in primo luogo che lo stato attuale delle cose non è basato su una solidità intrinseca, ma si può mantenere fintanto che esiste un accordo politico a sostegno di questa struttura dell'interscambio.
Politica ed efficienza tecnologica
Un secondo effetto di questo contesto di distorsione è che ovviamente anche l'attività produttiva e la crescita economica sono determinate da fattori politici e non da parametri di maggiore o minore efficienza tecnologica nell'uso delle risorse, ad esempio delle materie prime o del lavoro. Perciò, il fatto che un'impresa de-localizzata consegua maggiori utili è significativo solo per i suoi azionisti ma non è sinonimo di maggiore efficienza. L'efficienza di una linea di produzione è infatti un parametro tecnico ed un tipo di lavorazione non è più efficiente solo perché è stata de-localizzata. Anzi, a livello di macro-aggregati si può constatare  il contrario. Per quanto riguarda la Cina, ad esempio, l'incremento di un punto percentuale di Pil comporta un incremento nel consumo di energia pari a circa tre/quattro punti percentuali. Fintanto che la Cina, uno dei due maggiori fattori distorsivi, ha potuto ricorrere e può ricorrere a risorse interne - è il caso del lavoro e di una materia prima, il carbone - l'espansione economica cinese grazie alla concentrazione della produzione mondiale nel Paese, ha prodotto un forte inquinamento ma non ci sono state e non ci sono ripercussioni di rilievo sui mercati internazionali. Ben diverso è invece il caso di risorse ed in particolare materie prime estere.
In questo settore la caduta della domanda delle industrie manifatturiere dei Paesi sviluppati è stata più che compensata dall'incremento della domanda di materie prime da parte di quelli di nuova industrializzazione ed in particolare della Cina. Questo spiega sia l'avanzante ed ormai determinante presenza cinese, soprattutto in Africa, in Australia ed in altri Paesi esportatori di materie prime, sia la crescita in controtendenza dei Paesi emergenti, gli stessi di cui in questi giorni osserviamo le diverse situazioni di crisi. La ragione è che la valanga di liquidità messa in moto dalla Fed subito dopo il momento Lehman, e cioè dal 1° trimestre 2009 fino ad oggi, dopo essersi riversata sulle borse e sui mercati finanziari ed aver riportato le quotazioni ai livelli precedenti la crisi, ed anzi verso nuovi massimi, con una corsa che ha superato il 60% di rivalutazione, ha dovuto e deve fare i conti con la mancata ripresa reale delle economie occidentali. Una volta, infatti, raggiunti certi livelli delle quotazioni di borsa, il grado di rischio di un nuovo crollo è diventato elevatissimo, vista la recente lezione del 2008. Visti inoltre i bassi rendimenti finanziari determinati dai bassi tassi d'interesse, il denaro caldo si è perciò posizionato sui titoli dei Paesi emergenti, legati all'esportazione delle materie prime, facendo finta d'ignorare i rischi istituzionali e strutturali di questi Paesi.
La manovra di "tapering" della Fed significa che i tassi d'interesse per i titoli primari, quelli "senza rischio", sono destinati a salire. La conseguenza è che questo ha reso e rende non più conveniente mantenere il denaro caldo in titoli di mercati ad alto rischio e questo spiega il crollo delle valute dei Paesi emergenti esportatori di materie prime. Questo primo crollo del 2014 segnala anzitutto un altro fallimento ideologico, quello del "keynesianesimo involontario". Si tratta delle dispendiose politiche programmatiche di spesa pubblica in costante deficit, attuate sotto varie etichette. Si tratta del social-indigenismo di Chavez/Maduro in Venezuela, del social-peronismo in Argentina di Kirchener/Fernandez, del Conferimento di Potere Economico ai Neri (BEE, Black Economic Empowerment) nel Sud Africa di Nelson Mandela e così via nei differenti Paesi. In questi casi la distorsione della domanda è, diremmo, involontaria perché lo scopo non è il dirigismo economico per sé, ma viene messa in atto per alte finalità socio-politiche  di redistribuzione dei redditi dai settori nazionali - economicamente efficienti nell'interscambio internazionale - a settori protetti.  Tutte queste alte finalità politiche finiscono poi per andare a beneficio di una specifica fazione politica o gruppo d'interesse e diventano di fatto semplice parassitismo economico. Il "tapering" momentaneamente attuato dalla Fed non è dunque che la causa scatenante delle crisi valutarie e dei mercati perché questi crolli hanno tutti ragioni ed origini interne ai Paesi stessi.
Il punto è però che queste crisi dei Paesi emergenti possono scatenare una reazione a catena perché da più di mezzo secolo, dalla presidenza Kennedy agli inizi degli anni '60, il mondo gioca con l'illusione keynesiana, che la spesa pubblica possa produrre crescita economica reale, che gli Stati possano fare a meno di ciò cui invece sono tenute le famiglie e le imprese: non vivere al di sopra dei propri mezzi e non assumere debiti che non si potranno mai ripagare. Il 1959 fu infatti l'ultimo anno in cui l'amministrazione pubblica americana attuò una reale politica programmatica di pareggio di bilancio e gradatamente tutto il resto del mondo si è adeguato.
Da allora la progressione è stata sempre più veloce; in questi ultimi due decenni e poi ancor di più in quest'ultimo quinquennio, l'emissione di moneta a copertura dei buchi di bilancio ha avuto incrementi parabolici. Siamo ormai prossimi allo schianto, siamo al 1914, alla vigilia dell'attentato all'arciduca Francesco Ferdinando a Sarajevo. A questo punto è però difficile dire se la scintilla scaturirà dal crollo valutario dei Paesi emergenti, dalle conseguenti difficoltà delle grandi banche americane ed europee, o se verrà dal Giappone come potrebbe sembrare in questi ultimissimi giorni, o ancora se verrà dall'implosione del sistema finanziario e bancario cinese, o ancora dal crollo dell'euro o da un collasso di Wall Street.